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| Primera imagen difundida del universo profundo, captada por el telescopio James Webb |
"Todo cambia y nada permanece" es la frase que condensa el pensamiento del filósofo Heráclito, nacido en Éfeso y apodado "El Oscuro". Tal vez su metáfora más conocida es la del río: "Nunca nos bañamos en el mismo río", porque el río es un flujo, su "ser" depende de dejar de ser lo que era. Sólo sigue siendo un río porque ya no es el mismo río que era. Sus aguas son otras.
Pero, como el río, nosotros mismos también somos un proceso. Ni el río es el mismo, ni nosotros tampoco. Pero sólo porque ya no somos lo que éramos seguimos siendo lo que somos. El lector que ha llegado hasta aquí ya no es el mismo que empezó esta lectura. Ya cambió y sólo por eso sigue siendo el mismo. El ser reside en dejar de ser.
¿Por qué somos ahora lo que somos? Porque dejamos de ser lo que éramos antes, niños, jóvenes, estudiantes. Somos también un flujo. Heráclito lo simbolizaba con el fuego. Si vemos una flama, es un movimiento, sigue siendo una flama porque constantemente cambia, en la combustión. Es porque deja de ser.
El pensamiento de Heráclito conduce a una lógica y una metafísica distinta de la habitual, es decir, la de Parménides y la de Aristóteles. Lo que existen no son "sustancias" o "cosas", con "accidentes", sino procesos, movimientos, que sólo por abstracción entendemos como algo "fijo". Igual, la contradicción no es un problema, es lo que mejor describe ese flujo. El ser está determinado por el no-ser.
Pues bien, hace unas horas el telescopio James Webb reveló su primera imagen del universo profundo. Pueden verse cientos o miles de puntos de luz, que son galaxias, algunas situadas hasta 13 mil millones de años luz de distancia.
Eso quiere decir que lo que vemos ya no existe. O no es como lo vemos. Pues esas luces se emitieron hace miles de millones de años y apenas podemos captarlas. Es más, muchas de las galaxias que vemos estaban ahí cuando ni el Sol ni la Tierra existían. Vemos el pasado, un instante congelado de procesos que han continuado. Es probable que esas galaxias hayan colisionado, se hayan alejado, ya no estén ahí o sean muy diferentes. No lo sabemos y no lo podremos saber.
Todo cambia, menos la misma ley del cambio. Si una galaxia situada a miles de millones de años luz ya no es la misma a pesar de que la estamos viendo, eso es válido incluso para nuestras propias manos: por muy cerca que estén, la luz que se refleja en ellas y llega a nuestros ojos tardó un tiempo en llegar, aunque sean nanosegundos. El Sol mismo, que podemos ver, es el que era hace poco más de ocho minutos, que es lo que tarda su luz en llegar a nuestro planeta.
No hay "cosas", hay flujos, procesos, cambios. El ser es porque deja de ser lo que era. El ser es porque ya no es el mismo ser. Frente a la tiranía del pensamiento parmenídeo, vale la pena tomar una dosis de la pócima de Heráclito.
