domingo, 26 de febrero de 2023
Apuntes marxistas sobre el "racismo inverso" (parte II)
sábado, 25 de febrero de 2023
Apuntes marxistas sobre el "racismo inverso"
En ciertos sectores y en ciertos lugares ha cobrado auge la crítica a las diversas formas de discriminación, desde las materiales hasta las lingüísticas o culturales. Se habla de racismo, sexismo, misoginia y homofobia. Y hay quienes, desde otra posición, hablan de "racismo inverso" o "misandria".
Para dar claridad a estos temas, es muy útil la herramienta conceptual. Karl Marx, que seguramente no se ocupó del "racismo inverso", sin embargo diseñó una propuesta de comprensión diacrónica y sincrónica de la historia. Si tomamos el enfoque sincrónico, obtenemos una mirada del "edificio social", que se divide en una "base" y una "superestructura".
La base
En la base de la sociedad hay, esencialmente, dos elementos: las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las primeras son la materia prima, las máquinas, la propia fuerza de trabajo humana y, en una palabra, lo que Marx llama "medios de producción". Las segundas, las relaciones de producción, son la manera en que los seres humanos se organizan para producir. En el caso de la sociedad capitalista, las relaciones de producción se configuran a partir de la propiedad, que establece un vínculo entre el propietario y el no propietario, a través, por ejemplo, del salario.
La superestructura
Pues bien, por encima de esa base se alza una "superestructura", que estaría determinada, en mayor o menor medida, por esas fuerzas y esas relaciones de producción. Uno de los niveles de la superestructura es el sistema jurídico, la expresión legal de las relaciones de producción, por poner un ejemplo. Así, la propiedad es consagrada por las leyes. Hay un derecho de propiedad. Y hay también un sistema penal, que castiga a los infringen las normas.
Para Marx y los marxistas, desde aquí, las leyes son hechas para la clase propietaria, lo que no quiere decir, por supuesto, que haya una lucha de clases que también se expresa en cambios legales que favorecen a la clase no propietaria. Es una dinámica dialéctica. Lo que sí sería intocable es el derecho a la propiedad privada de los medios de producción, pues, si no lo hubiera, ya no estaríamos hablando de un sistema capitalista.
Otro nivel de la superestructura es el sistema político. La forma en que el poder de la clase propietaria se expresa en instituciones, partidos, tipos de régimen y tipos de gobierno. La república democrática representativa sería el sistema político por excelencia afín al sistema capitalista.
De nueva cuenta, sólo con la lucha de clases, esos sistemas republicanos han dado representatividad a la clase obrera y sus partidos, lo que prepara el escenario para una lucha política revolucionaria.
Pues bien, el último nivel de la superestructura ideológica, una especie de sistema de ideas, prejuicios, imaginarios, que tienen como función justificar, en el nivel del discurso y los esquemas de pensamiento, lo que sucede en los otros niveles de la superestructura y, principalmente, en la base de la sociedad.
Así, por ejemplo, ideológicamente creemos que "está mal" que un obrero se adueñe de la máquina o del taller en que trabaja. Pues el propietario ha invertido en eso y es su derecho conservarlo.
Si exploramos en otras épocas del sistema capitalista, nos encontramos con una etapa que avergonzaría a cualquier liberal. Quizá sea un abuso decir que la colonización de América se dio durante la etapa capitalista, pero sí que podemos decir con mayor fundamento que el esclavismo que se practicó en esa etapa fue un impulso para la emergencia del capitalismo moderno.
Sólo como referencia, hay que recordar que las grandes potencias desde el siglo XV y hasta muy entrado el siglo XIX (ya en pleno capitalismo) traficaron con esclavos a través del Atlántico. En los términos en los que hablábamos más arriba, la base económica de la sociedad incluía una relación de producción entre un amo y un esclavo.
Es decir, la relación de producción "principal" entre el burgués (propietario) y el trabajador asalariado (no propietario) convivió durante siglos con una relación de producción "secundaria" entre el amo, que era no sólo patrón sino dueño del trabajador, el esclavo.
Ahora bien, esos esclavos no provenían de cualquier lugar, sino de África. Y su color de piel era oscuro. ¿Cómo se tradujo esta realidad económica en el nivel de la superestructura ideológica? Es el origen del racismo, como ideología según la cual la "raza negra" es inferior a la "raza blanca". Y, como es inferior, de alguna manera se justifica que no goce de los mismos derechos.
En resumen, el racismo es la expresión ideológica que justificó, en la Modernidad, la relación de producción esclavista, que, como ya se ha dicho, formó parte del desarrollo del capitalismo durante varios siglos.
El "racismo inverso"
Definido así, podemos preguntarnos si hay algún fundamento del "racismo inverso" que algunos denuncian cuando alguien es "discriminado" por ser blanco o de tez clara. Y es inmediatamente claro que no lo hay, pues, dicho sucintamente, no existe una relación de producción (base) que esté siendo justificada ideológicamente por un "racismo" contra la "raza blanca". No hay un sistema jurídico que incluya un derecho de un "amo negro" sobre un "esclavo blanco" (como sí lo existió en su momento del amo blanco sobre el amo negro) y tampoco existe un sistema político en el que el blanco esté privado de toda participación, como sí lo estuvieron los esclavos africanos por siglos.
El "racismo inverso", como ideología, no tiene ninguna superestructura política o jurídica, y tampoco ninguna base económica, con relaciones de producción, que justificar. No hay, en este sentido, una realidad social e histórica en la que pudo haber surgido, como elemento superestructural, un "racismo inverso" del negro contra el blanco.
En resumen, no existe el "racismo inverso", en términos sistémicos. Si existen prácticas de "discriminación" contra la gente de tez blanca, se trataría, en todo caso, de actos particulares, individuales, sin base económica ni expresión jurídica o política y, en resumen, sin asidero histórico alguno.
Algo similar puede decirse de la "misandria", si exploramos la historia de la discriminación real, por motivos igualmente económicos y con expresión jurídica y política, contra las mujeres, que tendría como justificación ideológica la misoginia y el machismo.
No ha habido una relación de producción en la que los varones hayan sido confinados al trabajo doméstico, por ejemplo, para que las mujeres pudieran servir como fuerza de trabajo asalariada. Y no ha habido un sistema jurídico y político que le haya negado a la mujer derechos que sí han gozado los varones (como el derecho al voto, por ejemplo, o la misma ciudadanía). La misoginia, como ideología que ha justificado esa desigualdad real, tiene base histórica, económica, jurídica y política. La "misandria" no.
La teoría marxista de la sociedad, con enfoque sincrónico, nos sirve para desmontar las denuncias de "racismo inverso" o "misandria" que se lanzan contra las y los que luchan contra el racismo y la misoginia en la sociedad capitalista actual. El siguiente paso es que esa misma teoría, con las adaptaciones adecuadas, nos sirva para superar al propio capitalismo.
martes, 2 de agosto de 2022
Pelosi en Taiwán
martes, 12 de julio de 2022
Heráclito y el telescopio James Webb
![]() |
| Primera imagen difundida del universo profundo, captada por el telescopio James Webb |
"Todo cambia y nada permanece" es la frase que condensa el pensamiento del filósofo Heráclito, nacido en Éfeso y apodado "El Oscuro". Tal vez su metáfora más conocida es la del río: "Nunca nos bañamos en el mismo río", porque el río es un flujo, su "ser" depende de dejar de ser lo que era. Sólo sigue siendo un río porque ya no es el mismo río que era. Sus aguas son otras.
Pero, como el río, nosotros mismos también somos un proceso. Ni el río es el mismo, ni nosotros tampoco. Pero sólo porque ya no somos lo que éramos seguimos siendo lo que somos. El lector que ha llegado hasta aquí ya no es el mismo que empezó esta lectura. Ya cambió y sólo por eso sigue siendo el mismo. El ser reside en dejar de ser.
¿Por qué somos ahora lo que somos? Porque dejamos de ser lo que éramos antes, niños, jóvenes, estudiantes. Somos también un flujo. Heráclito lo simbolizaba con el fuego. Si vemos una flama, es un movimiento, sigue siendo una flama porque constantemente cambia, en la combustión. Es porque deja de ser.
El pensamiento de Heráclito conduce a una lógica y una metafísica distinta de la habitual, es decir, la de Parménides y la de Aristóteles. Lo que existen no son "sustancias" o "cosas", con "accidentes", sino procesos, movimientos, que sólo por abstracción entendemos como algo "fijo". Igual, la contradicción no es un problema, es lo que mejor describe ese flujo. El ser está determinado por el no-ser.
Pues bien, hace unas horas el telescopio James Webb reveló su primera imagen del universo profundo. Pueden verse cientos o miles de puntos de luz, que son galaxias, algunas situadas hasta 13 mil millones de años luz de distancia.
Eso quiere decir que lo que vemos ya no existe. O no es como lo vemos. Pues esas luces se emitieron hace miles de millones de años y apenas podemos captarlas. Es más, muchas de las galaxias que vemos estaban ahí cuando ni el Sol ni la Tierra existían. Vemos el pasado, un instante congelado de procesos que han continuado. Es probable que esas galaxias hayan colisionado, se hayan alejado, ya no estén ahí o sean muy diferentes. No lo sabemos y no lo podremos saber.
Todo cambia, menos la misma ley del cambio. Si una galaxia situada a miles de millones de años luz ya no es la misma a pesar de que la estamos viendo, eso es válido incluso para nuestras propias manos: por muy cerca que estén, la luz que se refleja en ellas y llega a nuestros ojos tardó un tiempo en llegar, aunque sean nanosegundos. El Sol mismo, que podemos ver, es el que era hace poco más de ocho minutos, que es lo que tarda su luz en llegar a nuestro planeta.
No hay "cosas", hay flujos, procesos, cambios. El ser es porque deja de ser lo que era. El ser es porque ya no es el mismo ser. Frente a la tiranía del pensamiento parmenídeo, vale la pena tomar una dosis de la pócima de Heráclito.
lunes, 11 de julio de 2022
Pandemia y estoicismo
![]() |
Harmen Steenwijck - Vanitas |
Epicteto fue esclavo desde niño. Nació en una pequeña ciudad ubicada en el territorio de la actual Turquía y fue llevado a Roma, para servir en la casa del secretario de Nerón. Pasó toda su infancia, toda su adolescencia y su juventud en esa condición.
No sabemos cuándo fue liberado,
pero sí que se dedicó a la filosofía, es lo que eligió cuando obtuvo su
libertad. La suerte parecía no estar de su lado. El emperador Domiciano lo
condenó al exilio, junto con todos los filósofos que hubiera en Roma, los consideraba
rebeldes y peligrosos (también expulsó a los que se dedicaran a las matemáticas
y la investigación de la naturaleza).
Epicteto entonces tuvo que dejar
la ciudad en la que había vivido casi cuarenta años. Se dirigió a Nicópolis,
una tranquila ciudad costera de Grecia, y ahí fundó su escuela.
Enseñaba el camino a la
"ataraxia", la imperturbabilidad, el mantener un estado de ánimo
tranquilo, sereno, seguro, sin sobresaltos.
¿Cómo se lograba eso? Controlando
nuestras "representaciones" y nuestras emociones sobre el mundo.
El desasosiego, la
intranquilidad, el miedo, la ira, surgen de las representaciones que nos
hacemos del mundo. Creemos que la pobreza, la enfermedad o la muerte son males
que nos amenazan, siendo que, en realidad, no dependen de nosotros.
Él, que había sido esclavo casi
por nacimiento, ¿cómo se podría perturbar por eso? Sería en todo caso su
Destino, algo que no estaba en sus manos. Lo más prudente para la tranquilidad
del alma es aceptarlo, asumirlo, sin agobiarse por ello.
El que tiene riqueza teme caer en
la pobreza. El que es sano teme todo el tiempo la enfermedad. Y la muerte es un
pensamiento que nos persigue todo el tiempo. Son males, así los vemos, así nos
los representamos.
Epicteto consideraba, como
Sócrates, que el único mal verdadero era hacer el mal al prójimo. Lo demás no
es ni bueno ni malo, al no depender de nosotros, como sí depende no hacer el
mal y hacer el bien.
La pandemia nos agobia, tememos
la enfermedad, la ruina, la muerte. En cierta manera, ya las padecemos, sin
tenerlas presentes, las sufrimos como males que pueden llegar, es nuestra
representación la que nos impide la ataraxia, la tranquilidad del ánimo.
¿Qué es lo que tendríamos que
hacer? Asumir que no está en nuestras manos completamente evitar un contagio,
lo que tenemos que hacer más bien es cuidar a los demás para no contagiarlos.
Pueden despedirnos en cualquier
momento, es una decisión que en buena medida tampoco depende de nosotros. ¿Por
qué nos consumiría pensar en eso? Lo que tenemos que pensar es cómo ayudar a
los demás, hacer el bien, lo que sí está en nuestras manos (yo, como maestro,
por ejemplo, me concentro en que mis alumnos, a pesar de las condiciones,
aprendan algo de filosofía, sigan con su formación).
¿Y la muerte? Puede llegar en
cualquier momento, de formas inesperadas, hasta fortuitas, un accidente, una
agresión, un asalto, incluso un rayo caído del cielo, un terremoto, un incendio
nos puede matar. ¿Por qué padeceríamos pensar en la muerte? Como en aquel
dicho: "Es peor pensar la muerte sin morir, que morir sin pensar en
ella". La muerte de todas maneras va a llegar, es inevitable, es el
destino humano, la única certeza. Representárnosla como un mal es lo que nos
provoca sufrimiento.
Si no logras mantener la
imperturbabilidad, lo que tienes que hacer es revisar tus representaciones
sobre el mundo, reflexionar en lo que temes, en si realmente es un mal, si tú
puedes controlarlo o no. Y recordar siempre que lo único que realmente
controlas es tu acción moral dirigida hacia los otros. De lo único que deberías
ocuparte es de no dañar a los demás.
La felicidad reside en la
ataraxia, la moderación, la práctica del bien, la serenidad del ánimo, disipar
los temores, asumir el destino, controlar nuestras representaciones sobre el
mundo, reflexionar y llevar una vida contemplativa.
Y eso se puede hacer en todo
momento, aunque haya una pandemia.
"Checo" Pérez y el azúcar
En una obra clásica, Sidney Mintz estudió la producción, el consumo y las relaciones de poder involucradas con el azúcar, sobre todo desde l...
-
En Guadalajara, el 28 de diciembre de 1972, paramédicos de la Cruz Roja y agentes del Ministerio Público se dirigieron a un edificio en av...
-
Los nuevos libros de la SEP han provocado una ola de ataques por parte de sectores conservadores que argumentan, entre otras cosas, que los ...
-
Entre los mitos griegos antiguos encontramos a una serie de personajes que han sido castigados a realizar labores repetitivas sin término. ...


.jpg)

